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viernes, 24 de febrero de 2012

LA AVENIDA LONGITUDINAL DE OCCIDENTE (ALO) MEDIO SIGLO DE ATRASO


Desde el año 1961 se propuso la construcción de la ALO y han transcurrido 50 años y de los 49,3 kilómetros sólo se ha construido 1,88 kilómetros a un costo de $12.000 millones.

Con el transcurrir de los años, por medio de acuerdos, decretos, CONPES, leyes y planes de desarrollo, se le han hecho modificaciones, muchas buscando variación en sus trazados y adjudicación de presupuestos para su construcción.

Inviabilidad financiera

En el año 1998 la ALO le valía a la ciudad $646 mil millones. Actualmente valdría cerca de los 2 billones de pesos y el distrito no tiene ninguna posibilidad financiera ni presupuestal para realizar la mega autopista declarada como de importancia estratégica para el país.

Los predios requeridos para éste trazado son en su totalidad 1.109, de los cuales sólo se han adquirido 386, faltando así 696 predios por iniciar su negociación, además, se vería obligado a negociar con los cientos de invasores que se han ido tomando los terrenos destinados para la vía, muchos de ellos comprados hace más de 10 años por el Instituto de Desarrollo Urbano (IDU) y aun así están siendo utilizados, como el caso de Motel de Coconito, que no ha podido ser recuperado por el Distrito. (Ver: COCONITO: ¿OTRO NEGOCIADO DEL IDU?)

Desde 2002 hasta 2010 la ciudad había pagado alrededor de $4.300 millones por servicios de vigilancia, limpieza y mantenimiento de los mismos.

El ex alcalde Peñalosa proponía que se construiría por concesión y que sería la primera autopista con peaje. La solución no es descabellada si no fuera porque el costo de construcción accedería a unos 400 millones de dólares y para que sea sostenible se requiere que por allí transitaran aproximadamente 100 mil vehículos por día, que pagaran (por concepto de peaje) un costo promedio de 120 pesos por kilómetro recorrido en horario normal y 240, en horas 'pico'.

La controversia generada en estos últimos días si se construye o no, debe centrarse más en una mirada al atraso como un ejemplo del desgreño administrativo que le va a representar a la ciudad un gran detrimento patrimonial.

Inviabilidad ambiental

De construirse esta gran autopista afectaría gravemente varios ecosistemas de la ciudad, entre ellos tres humedales ubicados en las localidades de Fontibón, Engativa y Suba.

Estudios de la Secretaría de Ambiente y diseños del Instituto de Desarrollo Urbano (IDU) indican que 1,3 kilómetros de los 49,3 que abarca la vía pasarían por 14,6 hectáreas de los humedales de Capellanía, La Conejera y Juan Amarillo. Así mismo, que la licencia ambiental expedida por la CAR desde tiempos de Diego Bravo (Actual gerente de la Empresa de Acueducto y Alcantarillado de Bogotá), solo autorizaba la construcción hasta la calle 170.

Cuando se trazó la ALO, hace 50 años nadie pensaba en los humedales. Ahora la cosa es bien distinta.

 El Concejo de Bogotá emitió el Acuerdo 19 de 1994 por el cual se declaran como reservas ambientales naturales los humedales del Distrito Capital y, posteriormente, en 1997 se firma la Convención sobre los Humedales de Importancia Internacional, llamada la Convención de Ramsar, que es un tratado intergubernamental que sirve de marco para la acción nacional y la cooperación internacional en pro de la conservación y el uso racional de los humedales y sus recursos.

Para nadie es un secreto que la construcción de una vía de 100 metro de ancho sobre los humedales los convierte en territorios altamente vulnerables, con serios problemas de contaminación y reducción de la luz y el aire puro.

La construcción de un corredor ecológico y sostenible que respete la ronda de los humedales, donde prime lo vital y sin violentar los derechos de la naturaleza, es una solución que garantiza una ciudad más humana.

El debate debe darse con sensatez y la comunidad debe cuidar como nunca que la decisión no esté polarizada por intereses políticos ni de particulares. Debe imponerse el interés general.

Carlos Augusto Cubillos Romero
cubillos52@gmail.com

lunes, 20 de febrero de 2012

LOS HUMEDALES DE BOGOTÁ EN ALTO RIESGO DE DESAPARECER

En los últimos 50 años, Bogotá perdió 50 mil hectáreas de humedales, prácticamente un promedio de tres hectáreas por día. Hoy a la capital ya solo le quedan 674 hectáreas distribuidas en 14 humedales.

Actualmente, Bogotá cuenta con 14 humedales como son: La localidad de Suba tiene el mayor número de humedales, con cuatro: Juan Amarillo (222,76), La Conejera (58,89 hectáreas), Guaymaral (49,66), y Córdoba (40,51); en la localidad de Kennedy hay tres: El Burro (18,84 hectáreas), Techo (11,67 hectáreas), y La Vaca (7,98 hectáreas),; en la localidad de Fontibón están Capellanía (27 hectáreas) y Meandro del Say (26 hectáreas); en la localidad de Engativá hay dos: Jaboque (148 hectáreas) y Santa María del Lago (10,86 hectáreas); en la localidad de Usaquén se hospeda el humedal Torca (30,27 hectáreas); en la localidad de Bosa, en el extremo sur de la ciudad hay uno: Tibanica (21,63 hectáreas); y en la localidad de Barrios Unidos hay uno: El Salitre (13,21 hectáreas) como nuevo humedal para la ciudad.

El contralor de Bogotá, Mario Solano Calderón, le advirtió al alcalde Gustavo Petro que 10 de los 14 humedales que hay en la ciudad están en inminente peligro.

A través de una carta, el funcionario distrital le solicitó al burgomaestre la inmediata intervención ambiental para salvar esas reservas ecológicas que están en riesgo de desaparecer.

Como producto de diferentes auditorías, operativos, el órgano de control evidenció que son muchas las acciones de orden económico, técnico y político que debe priorizarse a fin de lograr la recuperación de 10 humedales de los 14 existentes, considerando que solo presentan un adecuado estado de conservación Santa María del Lago, El Salitre, La Conejera y La Vaca.

La Contraloría de Bogotá encontró deterioro en los Humedales; limitadas acciones estatales en los humedales Torca, Guaymaral, La Vaca, Capellanía y Techo.

Según el ente de control, “los han colocado en situación de olvido y precariedad desde el punto de vista ambiental, dejándolos en un peligro inminente de desaparición por los factores antrópicos que los vienen afectando en los últimos años”.
                    
En este sentido, agrega que "es evidente el deficiente control de factores tensionantes (rellenos, inadecuada disposición de escombros y residuos sólidos, vandalismo)".

Dice la Contraloría que existe falta de recursos suficientes para el desarrollo de proyectos básicos tales como el saneamiento predial en los humedales: Torca, Guaymaral, Juan Amarillo, Capellanía, Techo, Jaboque y Vaca.

Los humedales de Bogotá son invadidos por escombros y viviendas a un ritmo muy superior al de los esfuerzos por parte de la Empresa del Acueducto y Alcantarillado, por recuperarlos.

Los humedales más afectados por las construcciones ilegales e invasiones son los de La Vaca y El Burro en Kennedy; Tibanica en Bosa y Jaboque en Engativá.

En el humedal Capellanía faltan por adquirir los 18 predios que son necesarios intervenir, por lo cual está prácticamente abandonado.

Aproximadamente, la mitad del humedal de Techo fue rellenado, loteado y vendido para construir la urbanización Lagos de Castilla. La administración distrital no ha definido debidamente acerca de los procesos de expropiación, con todos los problemas legales que ello implica, o sobre la legalización de más de 340 predios y en su defecto, la compra de áreas adyacentes con el fin de compensar la pérdida del cuerpo del humedal.

El humedal de Jaboque ubicado en la localidad de Engativa, está siendo seriamente afectando por el barrio Unir ya que los dueños de los vehículos de tracción animal botan lo que recogen al cuerpo de agua. Las basuras, los escombros y la contaminación no son el único problema para los humedales.

El humedal de La Vaca fue totalmente invadido y rellenado perdiendo su función de ecosistema, transformándose el área en un grave problema social por la inseguridad que representa al ser convertido en tierra de nadie", finaliza la Contraloría.

Un parqueadero ubicado en el barrio El Amparo en la localidad de Bosa desde hace varios años se tomo parte del humedal de la Vaca.

A la fecha, 8 humedales cuentan con Plan de Manejo Ambiental: La Vaca, El Burro, Córdoba, Juan Amarillo, Tibanica, Techo, Santa María del Lago y Capellanía.

El Plan de Ordenamiento Territorial actual, exige la recuperación de los humedales a la EAAB, pero los funcionarios aducen falta de recursos. Gran parte de los recursos son destinados a la prestación de servicio de acueducto y alcantarillado que es lo prioritario, mientras que para lo ambiental los recursos son escasos e insuficientes, pues lo ambiental parece no ser prioridad.

No esperemos a que desaparezcan completamente estos ecosistemas para luego si estar invirtiendo recursos en la creación de espacios artificiales, con animales de juguetes, para que el hombre pueda recrear lo que un día fueron humedales.

Carlos Augusto Cubillos Romero
cubillos52@gmail.com

martes, 7 de febrero de 2012

EL "CARRUSEL" DE CONCEJALES


Los partidos minoritarios en Bogotá (que unidos forman mayoría) resolvieron armar en el Concejo del Distrito Capital un 'carrusel' contra la administración del alcalde Gustavo Petro. La primera manifestación del 'carruselismo' oposicionista se dio en la elección de presidente del Cabildo. Tras fracasar un intento del Secretario de Gobierno, Antonio Navarro Wolff, de organizar entre el gobierno y algunos partidos una coalición programática que permita sacar adelante proyectos vitales para el desarrollo presente y futuro de la ciudad, la coalición se hizo en figura de carrusel 'anti-Petro'. La minoría coligada eligió presidente del Concejo al doctor Darío Fernando Cepeda, de Cambio Radical.

La elección del doctor Cepeda no es en sí criticable. Todo lo contrario. Se trata de un hombre ecuánime, que actuará con plena honestidad, deseoso de servirle a la ciudad, como es su deber. Yo hasta felicitaría a los treinta concejales que lo votaron, si no lo hubieran elegido con una intención aviesa. El carrusel de concejales no optó por el doctor Cepeda por las cualidades que lo adornan, sino para demostrar ellos su condición de rebeldes frente a la administración Petro, y ostentar su poder mayoritario de corte intimidante.

¿Rebeldes con qué causa? ¿Rebeldes contra una administración que no lleva un mes de iniciada? ¿El odio a Petro está primero que el amor a Bogotá? Tal vez los más contentos y satisfechos con esa 'rebeldía' sean los miembros ilustres del cartel de contratistas, que en la nueva administración han encontrado un obstáculo insalvable para sus ansias pantagruélicas de engullirse los presupuestos de la ciudad.

Confiemos en que el doctor Darío Fernando Cepeda sabrá hacer que entren en razón sus enfebrecidos colegas de la oposición carruselista. La oposición es necesaria, saludable, cuando actúa con ánimo constructivo, de vigilancia severa e imparcial de los actos de la administración; y perniciosa y maligna cuando únicamente pretende desprestigiar o entorpecer. Si por culpa de la coyuntural mayoría carruselista se frustran o retrasan los programas que la ciudadanía aprobó en las urnas, Bogotá jamás perdonará al carrusel de concejales, que hasta el momento ha dado muestras evidentes de total insensatez.

La administración Petro recibió una ciudad en desastre, colapsada en buena parte, y al borde del colapso integral. Las pésimas administraciones que hemos padecido a partir de la del señor Peñalosa, inclusive, han llevado la ciudad a una situación que da grima. Por estar pensando en megaobras (con sus correspondientes megacontratos) costosas, inútiles, equivocadas, se han olvidado de la ciudad real, la de la gente, que vive de las pequeñas e indispensables cosas cotidianas.

¿Ya vieron, por ejemplo, el nuevo foco de trancones originado en el megahueco de la carrera 5.ª con la calle 69? Toda la malla vial de Bogotá está en las mismas. Casi el sesenta por ciento de los barrios sufren del fenómeno de tugurización progresiva, una verdadera bomba de tiempo que estallará más temprano que tarde. ¿Y en que están pensando el exalcalde Peñalosa y el Ministro del Transporte y Obras Públicas? En hacer una mega-Avenida al Occidente, empotrada entre las urbanizaciones que, por la falta de planeación, se levantaron en ese sector. La denominada Avenida Longitudinal de Occidente (ALO) no mejorará, ni en un segundo, la movilidad urbana de Bogotá, ni resolverá los problemas económicos y sociales de la capital. Sus efectos seguros serán los de tugurizar en poco tiempo las comunidades circunvecinas, aparte de arruinar (aunque pase por encima) los humedales que oxigenan el ambiente.

Los ilusionistas que nos pintan una "Ciudad Felicidad", tributaria de una avenida monstruosa, no conocen la "Ciudad Infelicidad", esa que no fueron capaces de hacer feliz cuando tuvieron la oportunidad. Los doctores Cardona y Peñalosa no montan en Transmilenio, y así ni modo de darse cuenta del estado de degradación en que se encuentran las irreparables peñalosas de relleno fluido a lo largo del trayecto construido durante la administración Peñalosa. ¿No hay plata para solucionar ese problema, y sí la hay para meterse en una avenida faraónica? Si me lo permite el doctor Cardona, le daré un consejo casero. Camine de vez en cuando por el centro de su ciudad capital de Colombia. Si no se muere de asco, seguro tendrá la alegre oportunidad de romperse un tobillo en alguno de los maravillosos andenes quiebrapatas que tenemos. Una amiga colombiana, que vive hace muchos años en París, vino recientemente de visita, y me dijo: "¡Qué horror, los andenes de Bogotá están llenos de trampas. ¿Cómo hacen aquí para sobrevivir?".

Arreglemos primero lo que está mal en Bogotá, que es bastante, y que va a exigir unos esfuerzos mayúsculos, tanto de la administración como de los ciudadanos y del Concejo. "Bogotá Humana" no es un mero eslogan de campaña, sino el programa más ambicioso de recuperación de la ciudad para los ciudadanos.

ENRIQUE SANTOS MOLANO
El Tiempo - 02 de Febrero del 2012